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Lectura Bíblica: Marcos 1

Misión de Juan el Bautista (Mat. 3:1-12; Luc. 3:1-9; Juan 1:19-28)

1 Principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. 2 El profeta Isaías había escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino. (Isa. 40:3) 3 “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”. 4 Así, Juan el Bautista fue al desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para el perdón de los pecados. 5 Y salían a él de toda la provincia de Judea y de Jerusalén. Al confesar sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. 6 Juan llevaba un vestido de pelo de camello y un cinto de cuero a la cintura. Y comía langostas y miel silvestre. 7 Predicaba: “Después de mí viene uno más poderoso que yo, ante quien no soy digno de postrarme a desatar la correa de sus sandalias. 8 “Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo”.

El bautismo de Jesús (Mat. 3:13-17; Luc. 3:21, 22)

9 En esos días Jesús vino desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Al salir del agua, Jesús vio que el cielo se abría y el Espíritu descendía sobre él como paloma. 11 Y una voz del cielo dijo: “Tú eres mi Hijo amado. En ti me complazco”.

Tentación de Jesús (Mat. 4:1-11; Luc. 4:1-13)

12 En seguida el Espíritu lo impulsó al desierto. 13 Estuvo en el desierto cuarenta días entre los animales del campo. Allí fue tentado por Satanás, y los ángeles le servían. 14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios. 15 Decía: “El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca. ¡Arrepentíos, y creed al evangelio!” (Gál. 4:4)

Los primeros cuatro discípulos (Mat. 4:18-22; Luc. 5:1-11)

16 Caminando Jesús junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red en el mar, porque eran pescadores. 17 Y les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. 18 Al instante dejaron sus redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca arreglando las redes. 20 En seguida los llamó. Y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, y siguieron a Jesús.

El endemoniado de Capernaum (Luc. 4:31-37)

21 Fueron a Capernaum, y cuando llegó el sábado, Jesús entró en la sinagoga y empezó a enseñar. 22 Y admiraban su enseñanza, porque les enseñaba con plena autoridad y no como los escribas. (Mat. 7:29) 23 Estaba en la sinagoga un hombre con un espíritu impuro, que se puso a gritar: 24 “¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quien eres: ¡El Santo de Dios!” 25 Pero Jesús lo reprendió diciendo: “Cállate y sal de él”. 26 Y el espíritu impuro lo sacudió con violencia, y clamando a gran voz salió de él. 27 Y todos se maravillaron, de tal manera que preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Y aun ordena a los espíritus impuros y le obedecen”. 28 Y bien pronto su fama se extendió por toda esa región de Galilea.

La suegra de Pedro (Mat. 8:14, 15; Luc. 4:38, 39)

29 Cuando Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, y le hablaron de ella. 31 Entonces él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. En seguida la fiebre la dejó, y se puso a servirles.

Muchos sanados al terminar el sábado

32 Cuando fue la tarde, en seguida que el sol se puso, le trajeron todos los enfermos y endemoniados. 33 Y toda la ciudad se juntó a la puerta. 34 Y sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades, y echó a muchos demonios. Y no dejaba a los demonios decir que lo conocían.

Jesús predicó en Galilea (Luc. 4:42-44)

35 Muy temprano de mañana, aún oscuro, Jesús se levantó, fue a un lugar solitario y se puso a orar. 36 Simón y sus compañeros lo buscaron, 37 y al hallarlo le dijeron: “Todos te buscan”. 38 Él respondió: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido”. (Isa. 61:1) 39 Y predicaba en las sinagogas de toda Galilea, y echaba a los demonios.

Jesús sana a un leproso (Mat. 8:1-4; Luc. 5:12-16)

40 Un leproso vino a él, y de rodillas le rogó: “Si quieres, puedes limpiarme”. 41 Jesús se compadeció de él. Extendió su mano, lo tocó y le dijo: “Así lo quiero. ¡Queda limpio!” 42 Y así que habló, la lepra desapareció y el enfermo quedó limpio. 43 Entonces Jesús lo despidió, ordenándole severamente: 44 “Mira, no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos”. 45 Pero él, apenas salió, empezó a pregonar a voces y a divulgar el hecho. Como resultado, Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, sino que se quedaba en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

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